Select Page

Los 10 neuro-mandamientos del aprendiz rebelde

¿Te imaginas respirar de manera voluntaria todo el tiempo? Es decir, ¿sentir que la única forma de respirar es si piensas en ello continuamente? Uno se agobia solo de pensarlo, ¿verdad? Pues, aunque estemos muy acostumbrados a aprender como lo venimos haciendo desde que íbamos al cole, el aprender puede y debería ser igual de natural que el respirar.

Nuestra única responsabilidad, eso sí, debería ser la de crear y mantener un contexto adecuado. Si quiero respirar, procuraré vivir en un entorno con oxígeno, ¿cierto?

Aprender es para el cerebro lo que la respiración es para los pulmones o la digestión para el estomago. Son funciones naturales que se llevan a cabo sin nuestro consentimiento. No tenemos que dirigirlas. Afortunadamente. Y es que estas y muchas otras ocurren antes del nacimiento de la identidad, del yo, antes de poder decir “quiero aprender”.

Piensa en cómo aprendiste tu lengua materna. ¿Acaso la aprendiste yendo a clases o estudiando gramática? No. Todo ocurrió de manera natural y sin ser apenas consciente de ello. ¡Tu cerebro es una máquina!

Creo que seguimos teniendo (en realidad nunca la hemos dejado de tener) esta habilidad de aprender aunque ya no seamos niños. Pero para activarla necesitamos recuperar algo esencial de la actitud del niño: la confianza en nuestro cerebro. Una confianza que es idéntica a la que mostramos implícitamente cuando pensamos en la respiración. Confias que después de cada inhalación hay una exhalación.

Desde el momento que empezamos a ir a la escuela, el aprendizaje deja de ser natural y fluido, deja de aparecer únicamente en contextos protagonizados por la curiosidad genuina y personal. El aprendizaje se convierte en un entrenamiento en el que hay premios y castigos. Uno tiene que aprender. Este es un momento clave, pues aqui creo que empezamos a desconfiar de nuestro cerebro. Aquí es donde aparece la necesidad del esfuerzo agotador, ya que nuestro cerebro no siempre quiere ser cómplice del aprendizaje de las asignaturas como lo es cuando, por ejemplo, observamos una mariposa y estudiamos su fascinante comportamiento.

Porque nos costaba aprender aquello que se nos pedía, empezamos gradualmente a ver el proceso de aprendizaje como algo pesado y azaroso y nos quedamos con esta única versión de los hechos. Pero claramente no es ni la única ni la mejor.

Recordemos algo fundamental, algo que el niño sabe sin saberlo: nosotros, yo Lina o tú Pepito, no somos responsables del aprendizaje en sí. Si te pido que memorices 100 palabras en 10 minutos, tú puedes decidir únicamente cómo vas a hacerlo y cuando el tiempo haya transcurrido, cruzas los dedos y tratas de decirme lo que recuerdas.

Así es como los eurekas aparecen estando en el váter, en la ducha, cuando estás paseando y no tienes bolí, cuando duermes o cuando estás pelando patatas.

Lo que se queda en nuestra memoria no está bajo nuestro control, nos guste o no. El proceso sí.

Y en el proceso, si queremos que sea placentero y eficiente, es preciso que exista, ante todo, confianza en el cerebro.

He aquí 10 neuro-mandamientos con los que puedes empezar a cultivar la confianza en tu cerebro:

1. Amarás a tu cerebro sobre todas las cosas. Lo verás con respeto y admiración. Lo que él puede hacer por ti es mucho más de lo que tu mente condicionada (por las experiencias subjetivas) se puede imaginar.

2. No tomarás el potencial del cerebro en vano. Practicarás la humildad y el optimismo cognitivo. ¿Puedes aprender chino e inglés al mismo tiempo? Respuesta correcta: “no sé, es posible”. Jamás: “no”.

3. Santificarás las asombrosas habilidades de tu cerebro como la de hablar, soñar o aprender. Recordarás que lo único que tú puedes hacer es decidir qué hacer, cuándo hacer o cómo hacer, pero de todo lo demás eres un espectador.

4. Honrarás a tu padre, el Universo, y a tu madre, la Tierra. Honrarás tu origen cósmico y recordarás a diario que entre tus orejas se halla el órgano más complejo de todos y que este se ha creado a sí mismo.

5. No matarás el espíritu de tu santo cerebro convirtiendo el proceso de aprendizaje en un triste espectáculo de repetición y memorización mecánica.

6. No cometerás neuro-actos impuros. No te comportarás como un pobre cognitivo sabiendo que eres neuro-infinitamente rico. Cometes un acto impuro cada vez que te olvidas de la neuroplasticidad (habilidad del cerebro de modificarse hasta el final de nuestras vidas) y de la neurogénesis (habilidad del cerebro de generar el nacimiento de neuronas a lo largo de la vida).

7. No te robarás a ti mismo la posibilidad de experimentar el aprendizaje como una fuente de placer cognitivo.

8. No darás falsos testimonios ni mentiras. No perpetuarás la falsa creencia de que tu cerebro puede hacer sólo lo que tus recuerdos biográficos te dicen que puede.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Desconfiarás de todo pensamiento que te diga que “no puedes” o que ponga barreras a tu capacidad de aprender. No buscarás compadecerte ni complacerte en ello.

10. No codiciarás el cerebro ajeno. Te encargarás de mejorar la relación con el tuyo y confiarás en sus habilidades.

Los 10 neuro-mandamientos del aprendiz rebelde

¿Te imaginas respirar de manera voluntaria todo el tiempo? Es decir, ¿sentir que la única forma de respirar es si piensas en ello continuamente? Uno...

¿Puede un idioma extranjero transformar tu percepción? | Aprendizaje rebelde

Antes de contestar a esta pregunta, quiero definir un concepto clave en este asunto: la percepción. La percepción es el conjunto de nuestras...

Pin It on Pinterest

Shares
Share This
%d bloggers like this: